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Lunes, 04 Marzo 2024 01:11

EUGENIO ESPEJO: NI INDIO NI POBRE

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Por Javier Simancas C.

No era ni indio ni pobre y cuando nació,tampoco se llamó Eugenio Espejo o Eugenio de Santa Cruz y Espejo y que su apellido era Chusig como escriben, en sus textos, los historiadores y documentologos que sostienen que era indio por el color moreno de su piel,pequeño de estatura,cara y nariz larga e incluso porque  tenía un hoyo visible en el lado izquierdo del rostro.

 La verdad está en su partida de bautismo que dice textualmente  “... en Quito en veinte i uno de febrero de mil setcientos quarenta y siete:De Lisentia Parochi Baptisé puse el Sto Oleo  y Crisma a Eugenio Francisco Xavier hijo legítimo de Luis de la Cruz y Espejo y  de Catalina Aldaz, Fue su Madrina,Da Nicolasa Gutiérrez Pinto a quien advertí el parentesco y obligación que tenía, porque conste, firmo.Pedro Valverde”.

El padre de Eugenio Francisco Xavier fue Luis De la Cruz y Espejo,  hijo legítimo  de Juan De la Cruz y Espejo y de Antonia Ruiz, oriundo de  Cajamarca  quien llegó a Quito para servir como médico y cirujano  por  un salario de cincuenta pesos por año en el Convento de Predicadores.La madre,Cata­lina de Aldaz y Larraincar, quiteña,era hija legítima de Juan de Aldaz y de Petrona  Gordillo fue su madre..

En el testamento de Luis de la Cruz y Espejo  consta que por su  oficio de cirujano y médico recibió como premio “ una cadena de oro cuyo costo era de 40 pesos” y que son sus herederos  universales sus  hijos legítimos:  Eugenio,  Pablo  y  María  Manuela  de  la  Cruz  y  Espejo  con la bendición de Dios”. Dispone que  a Mariano de cuatro años de edad, hijo fuera del matrimonio,  su mujer e hijos lo traten y eduquen como miembro de la familia y con caridad.

 El documento fue  registrado el  23   de  octubre  de  1771 y designa  a Eugenio como albacea. Actuó  como escribano de su Majestad público,José Enriquez Osario  y como  testigos el clérigo Pedro Cevallos,  Manuel Canzino y Manuel de Ga­larza.

 El testamento de Cata­lina de Aldaz y Larraincar confirma que su matrimonio fue legítimo y que fueron sus hijos Eugenio, Juan Pablo y  María Manuela De la Cruz y Espejo y  una  hija llamada  María Ignacia que nació cuando era soltera.

Se lee en el texto original  que  doña Catalina adquirió  sus  bienes  durante el  ma­trimonio; “que la casa  y terreno  donde viven  la compró   en pública subasta en  mil   ciento veinte y cinco pesos a don  Pedro Barriga y doña Isabel  Almendáriz,”  que la adquisición fue al contado y que   gastó tres mil pesos  en reparaciones y reconstrucción. Las demás casas de su propiedad  las repartió entre sus hijos.

Además registra que es " poseedora de cuadros,  láminas,  mesas  y  demás arreos de casa, cuatro platillos, tres jarros, doce cucharas, tres tenedores, dos totumas de plata; dos pailas grandes, un brasero y otra pailita pequeña; un ahogador de tres hilos de perlas con una cruz de oro y esmeraldas, un par de zarcillos de oro y esmeralda,una  gargantilla de perlas me­nudas."

A su   marido  Luis  le deja  mil pesos en efectivo y lo nombra  albacea. Sus hijos  recibieron el  encargó  de cobrar  unas  deudas  que había prestado a Joaquín Sola;  cuatro pesos a una india del pueblo de Chillogallo cuyo nombre ignora; tres pesos y cuatro reales a una  mujer de nombre María que, igualmen­te, conocen sus hijos; un peso de la  india  Francisca que vive en la casa de  Arcediano  Agustín Zambrano.

 A su hija natural le deja un quinto de sus bienes, dice el testamento,que fue  firmado  por  el escribano  Manuel de Galarza porque Catalina Aldaz no sabía leer ni escribir. Los testigos  fueron Pedro de Cevallos, clérigo de menores órdenes y Ramón Morales actuaron como testigos.

Los esposos De la Cruz y Espejo  no eran indios  ni  pobres,tampoco ricos.En los dos testamentos consta que procrearon siete hijos de los cuales   tres sobrevivieron: Eugenio Francisco Xavier, Juan Pablo y María Manuela.  A la familia  se sumaron  Mariano y María Ignacia. El primero un recién nacido recogido en el portón  de la  casa donde vivían y la segunda, hija  de doña Catalina, que nació cuando ella aún era soltera. Maria Ignacia vivió en la casa de la familia desde que su marido, Francisco Alácano de Gamboa, la  abandonó poco después de contraer matrimonio.

REVOLTOSO Y SUBVERSIVO   

Eugenio de la Cruz y Espejo se movía dentro de los altos círculos de la sociedad  quiteña controlada por representantes nombrados por la Corte española. Sobresalió como médico, científico, licenciado en Derecho Civil y Canónico; abogado,    político  y panfletario. 

En 1767, a los 20 años,  la Universidad de San Fernando le entregó el certificado de haber concluido sus estudios de medicina y luego el Cabildo le otorgó el título de Doctor. Además lo designó director de la biblioteca municipal.

Desenvolverse en ese ambiente le permtió  conocer por dentro a esa sociedad que se desmoronaba por la corrupción, inmoralidad civil y clerical.Como médico denunció a los curanderos y se quejó de los curas belenitas y  colegas  por la inadecuada y mala  administración del hospital San Juan de Dios. Dicho hospital también era conocido como la  “trampa de la muerte”.Sus quejas obligaron al Ayuntamiento  a suprimir y corregir varias secciones. 

Las noticias  con ideas de libertad que se propalaron desde 1767 en adelante en España y Francia, dominadas por regímenes  monárquicos, calaron hondo en Eugenio  De la Cruz y Espejo. En Quito se convirtió en el  vocero clandestino que exigía instaurar un régimen distinto al que imperaba en España y en sus colonias de América.

Sus ideas abrieron una profunda grieta  social. Por sus ideas las autoridades lo tacharon   de ser un sujeto peligroso  subversivo,sedicioso,revoltoso,faccioso;de intenciones depravadas y ser cabecilla  para organizar motines, preparar  una sublevación general para poner fin al sistema político  imperante en a la Real Audiencia; abolir la religión e instaurar un régimen basado en los principios de la    revolución francesa. .

Como Eugenio De la Cruz y Espejo  pensaban,  discretamente, unos pocos  renombrados miembros  de la sociedad quiteña, como el marqués de Selva Alegre, Juan Salinas y un reducido grupo de religiosos, como el obispo José Pérez Calama. En la misma ruta independentista  estaba su hermano, el presbitero franciscano Juan Pablo, que fue  encarcelado por las denuncias de otros miembros de la comunidad religiosa a la que pertenecía.

 Sus ideas y arengas  manuscritas de Eugenio De la Cruz y Espejo aparecían  en las paredes de las casas o  al pie  de las siete  cruces  de piedra que había en una  de las calles  de la ciudad. A veces,  en cada cruz se encontraban unas banderitas coloradas  con el siguiente texto:” Liberi  sto felicitatem  et gloria consecuento. Salve Crece”.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 

En 1787 escribió  “Cartas Riobambenses”  y la “Representación de los Curas riobambenses”. El primero un  libeloo   sarcástico  e irónico en contra de  doña Maria Chiriboga respecto a sus infidelidades matrimoniales y ridiculizaba  a otras de la alta sociedad a la  pertenecía.  Por estas hojas sueltas fue detenido en Riobamba  sin que se pruebe su autoría.

Además ya había escrito  el manuscrito "El Retrato de Golilla que contenía la   más  descarnada  y lapidaria   radiografía de la podredumbre en que vivía  la  monarquía criolla.Además  rodiculizaba al Rey Carlos III  diciendo que era  el  “rey de barajas” y al marqués de la Sonora y ministro colonial de las Indias, José Gálvez.

 El 18 de marzo de 1789, el virrey de la Nueva Granada,  José de Ezpeleta recibió el sumario que lo acusaba  como el autor directo del citado manuscrito. "El Retrato de Golilla;" pero por la falta de evidencias   ordenó su libertad  a finales del mismo año. Eugenio   negó ser el autor de  que tal pasquín.

Tras su liberación se auto exilió en Bogotá hasta 1790. En esa ciudad  sus  ideas liberales, republicanas y antimonárquicas se afianzaron al conocer a Antonio Nariño y Francisco Antonio Zea. Nariño había traducido del  idioma francés los Derechos del Hombre  y por esta labor intelectual  fue detenido en 1794.

Mientras  era perseguido  y encarcelado por  sus ideas libertarias, el Cabildo de Quito le encargó  al médico que redacte un método preventivo para enfrentar la viruela que hacía estragos en la población quiteña.  Escribió “Reflexiones sobre la utilidad,importancia y conveniencia que propone don Francisco Gil, cirujano del Real Monasterio de San Lorenzo y su sitio, e individuo de la Real Academia Médica de Madrid. en su disertación físico-médica, acerca de un método seguro para preservar a los pueblos de las viruelas,aportación valiosisima  en el campo de la literatura científica sobre las condiciones higiénicas y sanitarias de la América Colonial”.Este estudio fue extraordinariamente valorado porque sirvió para paliar esta epidemia

SE CREA LA SOCIEDAD PATRIOTICA

El 30 de noviembre de 1791 se fundó la  Sociedad  Patriótica de Amigos del  Páis de Quito. El Presidente de Quito, José Antonio Muñoz de Guzmán encabezó la misma. Fue creada por mandato de Carlos III en todas las capitales de la América colonial  como un centro de análisis y debate sobre la realidad social, económica, moral y religiosa. Esta entidad tenía como miembros  a los  Oidores,miembros del clero  y gente notable de la Real Audiencia.

Eugenio De la Cruz y Espejo   fue designado Secretario. La Sociedad Patriotica  como lo dijo en su discurso está  dirigida a la muy ilustre  y muy leal ciudad de Quito,representada por su ilustrísimo Cabildo,Justicia y Regimiento, y a todos los señores socios   sobre la necesidad de establecerla luego con el título de ´Escuela de la Concordia´.

El estatuto que redactó  estipulaba que se creaba para evitar la ociosidad y los vicios que de ella resultaban en las gentes distinguidas de Quito. Se disolvió después  de dos años  por el desencanto e inconstancia de sus miembros.Así mismo había escrito un instructivo previo sobre el Papel Periódico “ intitulado Primicias de la Cultura de Quito” 

“Escasos son, muy escasos los medios y arbitrios que tiene Quito; pero si nos unimos todos con espíritu de patriotismo, sin dar el menor lugar a la envidia ni a la pereza, Quito va resucitar y todos resucitaremos. Comencemos, comencemos; pues, con constancia  y unión triunfaremos  ciertamente---” dijo  el  obispo José Pérez Calama al pronunciar  el discurso de instalación de la Sociedad. 

CREACION DE PERIODICO

Con el auspicio de la Sociedad  Patriótica de Amigos del  Páis de Quito  se creó  el periódico “Primicias de la Cultura de Quito” dirigido por De la Cruz. Apenas tuvo tres meses de vida. El primer ejemplar circuló  el 5 de enero de 1792,   y su último número  publicado fue el 29 de marzo del mismo año. Para su autodisolución,así mismo,  contribuyeron los miembros del clero que se declararon  enemigos  del obispo José Pérez Calama, uno de los fundadores.

El periódico provocó el quiebre definitivo entre las autoridades gubernamentales y civiles monárquicas  con   Eugenio De la Cruz y Espejo y sus pocos amigos que coincidían con sus ideales de cambio social, político y económico y de independencia  de la metrópoli  española que al final lo dejaron solo.

Primicias de la Cultura de Quito denunció a los culpables de  la situación de atraso de Quito:Planteó  como  solución  a la ignorancia tan manifiesta,  crear escuelas y educar a la juventud sin excluir a las mujeres. Difundió ideas políticas contrarias a la monarquía sosteniendo que para el resurgimiento y salir del atraso que imperaba  era indispensable librarse de los corruptos  representantes de la monarquía española; cambiar  el sistema  político responsable  de que   el pueblo viva en extrema pobreza y verdadera miseria.

EL PRINCIPIO DEL FIN

 En 1795  De la Cruz y Espejo comenzó a sentir en carne propia las más crueles e infames persecuciones. Después  del amor  vino el odio. A los epitetos lanzados en su contra en 1787  se agregaron  los de ser un sujeto  “rencilloso,travieso,inquieto,subversivo,sedicioso, traidor". Antes era ya un peligroso  subversivo,,revoltoso,faccioso;de intenciones depravadas y ser cabecilla  para organizar motines, preparar  una sublevación.

El 6 de  febrero de dicho año el ex presidente de la Sociedad  Patriótica de Amigos del  Páis de Quito y  presidente de la Real Audiencia, José Antonio Muñoz de Guzmán ordenó su encarcelamiento. La orden impartida decía: “haviendome dado noticia, que el presbitero Dn. Juan Pablo, y el Médico Dn Francisco Xavier De la Cruz y Espejo, vertían en sus conversaciones  especies poco conformes a los derechos de su S.M., y que favorecían las ideas de livertad que contaminan en el día todos los Países, e procedido a averiguarlas, y ha resultado ser fundadas todas las sospechas, por lo que están arrestados, y se les está siguiendo causa.Lo que  pongo en noticia de V.E.  para que quede enterado de ello, y concluido que sea, daré cuenta de sus resultados.”

Juan Pablo  que comulgaba de la mismas ideas libertarias fue sometido a un juicio eclesiástico bajo la acusación de cómplice.

En la cárcel Eugenio De la Cruz y Espejo fue incomunicado  y esposado, privado de libros y papel para escribir y sólo   le permitieron  salir  para que atienda  a  enfermos en sus domicilios pero vigilado por soldados.Las acusaciones fueron haber escrito y  dicho  “malsonantes  expresiones, papeles y correspondencia.”

El enjuiciamiento penal  en su contra  era mañosamente pospuesto con el fin  de mantenerlo indefinidamente en la cárcel. Tanto fue el miedo que sus ideas se concreten que  los curas hasta comenzaron a ofrecer las campanas de las iglesias para convertirlas en armas. Hubo también religiosos  alineados  a los que llamaron la Pandilla  De la Cruz y Espejo.

LA INDISCRECION FATAL

Durante el proceso penal las  autoridades judiciales no pudieron  presentar pruebas  sólidas  de que De la Cruz  era el autor  de los  pasquines  anónimos  difundidos clandestinamente. Tampoco encontraron pruebas sobre su supuesta participación directa en una sublevación o en actos de sedición, tumultos, revueltass,  motines, intenciones depravadas, acciones facciosas para sembrar  el terreno para perturbar a la monarquia,  despresntigiar a España, abolir  toda religión y  culto, como lo había denunciado el  fraile Estevan Mosquera  cuando denunció,  sin probarlo,  a su hermano  Juan Pablo De la Cruz.

 Mas una indiscreción  de este religioso franciscano,  fue utilizada para  sentenciar a Eugenio.

Juan Pablo le  había susurrado al oído   a su amante, Francisca Navarrete  las ideas políticas  de  su hermano. Le revela  en el lecho de amor  que  Eugenio Francisco Javier  le había contado  que la revolución francesa se había producido conforme a la ley de  Dios y a la razón natural y que así  se debía conseguir  la libertad de Quito y que  su hermano Eugenio ya listo un barrio o cuartel  que   había sido  consultado que estaba listo para luchar por  la libertad, echando mano del caudal de las religiones y de los ricos  para entregarlo a los pobres para que todos fueran iguales.

La amante Francisca Navarrete  le contó todo  a su hermano el  fraile franciscano Vicente Navarrete, quien los denunció ante las autoridades. Por  esta   indiscreción  Juan Pablo fue sentenciado a dos años de reclusión  en el monasterio franciscano de Popayán-Nueva Granada. 

El 20 de octubre  de 1795 el  virrey José de Ezpeleta ordenó al presidente de Quito, José Antonio  Muñoz de Guzmán  que archive  el sumario y libere a Eugenio De la Cruz. La orden no se cumplió inmediatamente y este murió en la cárcel el 27 o 28 de  diciembre.   La orden de excarcelación   fue dictada  un día después de su muerte  por parte de Muñoz de Guzmán.

Una  disentería y las terribles condiciones de la celda y las horrendas torturas de sus verdugos   acortaron  sus días Poco sirvió el apoyo y gestión a su favor  de sus amigos para lograr su libertad.

 

 

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Javier Simancas C

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