La verdad está en su partida de bautismo que dice textualmente “... en Quito en veinte i uno de febrero de mil setcientos quarenta y siete:De Lisentia Parochi Baptisé puse el Sto Oleo y Crisma a Eugenio Francisco Xavier hijo legítimo de Luis de la Cruz y Espejo y de Catalina Aldaz, Fue su Madrina,Da Nicolasa Gutiérrez Pinto a quien advertí el parentesco y obligación que tenía, porque conste, firmo.Pedro Valverde”.
El padre de Eugenio Francisco Xavier fue Luis De la Cruz y Espejo, hijo legítimo de Juan De la Cruz y Espejo y de Antonia Ruiz, oriundo de Cajamarca quien llegó a Quito para servir como médico y cirujano por un salario de cincuenta pesos por año en el Convento de Predicadores.La madre,Catalina de Aldaz y Larraincar, quiteña,era hija legítima de Juan de Aldaz y de Petrona Gordillo fue su madre..
En el testamento de Luis de la Cruz y Espejo consta que por su oficio de cirujano y médico recibió como premio “ una cadena de oro cuyo costo era de 40 pesos” y que son sus herederos universales sus hijos legítimos: Eugenio, Pablo y María Manuela de la Cruz y Espejo con la bendición de Dios”. Dispone que a Mariano de cuatro años de edad, hijo fuera del matrimonio, su mujer e hijos lo traten y eduquen como miembro de la familia y con caridad.
El documento fue registrado el 23 de octubre de 1771 y designa a Eugenio como albacea. Actuó como escribano de su Majestad público,José Enriquez Osario y como testigos el clérigo Pedro Cevallos, Manuel Canzino y Manuel de Galarza.
El testamento de Catalina de Aldaz y Larraincar confirma que su matrimonio fue legítimo y que fueron sus hijos Eugenio, Juan Pablo y María Manuela De la Cruz y Espejo y una hija llamada María Ignacia que nació cuando era soltera.
Se lee en el texto original que doña Catalina adquirió sus bienes durante el matrimonio; “que la casa y terreno donde viven la compró en pública subasta en mil ciento veinte y cinco pesos a don Pedro Barriga y doña Isabel Almendáriz,” que la adquisición fue al contado y que gastó tres mil pesos en reparaciones y reconstrucción. Las demás casas de su propiedad las repartió entre sus hijos.
Además registra que es " poseedora de cuadros, láminas, mesas y demás arreos de casa, cuatro platillos, tres jarros, doce cucharas, tres tenedores, dos totumas de plata; dos pailas grandes, un brasero y otra pailita pequeña; un ahogador de tres hilos de perlas con una cruz de oro y esmeraldas, un par de zarcillos de oro y esmeralda,una gargantilla de perlas menudas."
A su marido Luis le deja mil pesos en efectivo y lo nombra albacea. Sus hijos recibieron el encargó de cobrar unas deudas que había prestado a Joaquín Sola; cuatro pesos a una india del pueblo de Chillogallo cuyo nombre ignora; tres pesos y cuatro reales a una mujer de nombre María que, igualmente, conocen sus hijos; un peso de la india Francisca que vive en la casa de Arcediano Agustín Zambrano.
A su hija natural le deja un quinto de sus bienes, dice el testamento,que fue firmado por el escribano Manuel de Galarza porque Catalina Aldaz no sabía leer ni escribir. Los testigos fueron Pedro de Cevallos, clérigo de menores órdenes y Ramón Morales actuaron como testigos.
Los esposos De la Cruz y Espejo no eran indios ni pobres,tampoco ricos.En los dos testamentos consta que procrearon siete hijos de los cuales tres sobrevivieron: Eugenio Francisco Xavier, Juan Pablo y María Manuela. A la familia se sumaron Mariano y María Ignacia. El primero un recién nacido recogido en el portón de la casa donde vivían y la segunda, hija de doña Catalina, que nació cuando ella aún era soltera. Maria Ignacia vivió en la casa de la familia desde que su marido, Francisco Alácano de Gamboa, la abandonó poco después de contraer matrimonio.
REVOLTOSO Y SUBVERSIVO
Eugenio de la Cruz y Espejo se movía dentro de los altos círculos de la sociedad quiteña controlada por representantes nombrados por la Corte española. Sobresalió como médico, científico, licenciado en Derecho Civil y Canónico; abogado, político y panfletario.
En 1767, a los 20 años, la Universidad de San Fernando le entregó el certificado de haber concluido sus estudios de medicina y luego el Cabildo le otorgó el título de Doctor. Además lo designó director de la biblioteca municipal.
Desenvolverse en ese ambiente le permtió conocer por dentro a esa sociedad que se desmoronaba por la corrupción, inmoralidad civil y clerical.Como médico denunció a los curanderos y se quejó de los curas belenitas y colegas por la inadecuada y mala administración del hospital San Juan de Dios. Dicho hospital también era conocido como la “trampa de la muerte”.Sus quejas obligaron al Ayuntamiento a suprimir y corregir varias secciones.
Las noticias con ideas de libertad que se propalaron desde 1767 en adelante en España y Francia, dominadas por regímenes monárquicos, calaron hondo en Eugenio De la Cruz y Espejo. En Quito se convirtió en el vocero clandestino que exigía instaurar un régimen distinto al que imperaba en España y en sus colonias de América.
Sus ideas abrieron una profunda grieta social. Por sus ideas las autoridades lo tacharon de ser un sujeto peligroso subversivo,sedicioso,revoltoso,faccioso;de intenciones depravadas y ser cabecilla para organizar motines, preparar una sublevación general para poner fin al sistema político imperante en a la Real Audiencia; abolir la religión e instaurar un régimen basado en los principios de la revolución francesa. .
Como Eugenio De la Cruz y Espejo pensaban, discretamente, unos pocos renombrados miembros de la sociedad quiteña, como el marqués de Selva Alegre, Juan Salinas y un reducido grupo de religiosos, como el obispo José Pérez Calama. En la misma ruta independentista estaba su hermano, el presbitero franciscano Juan Pablo, que fue encarcelado por las denuncias de otros miembros de la comunidad religiosa a la que pertenecía.
Sus ideas y arengas manuscritas de Eugenio De la Cruz y Espejo aparecían en las paredes de las casas o al pie de las siete cruces de piedra que había en una de las calles de la ciudad. A veces, en cada cruz se encontraban unas banderitas coloradas con el siguiente texto:” Liberi sto felicitatem et gloria consecuento. Salve Crece”.
En 1787 escribió “Cartas Riobambenses” y la “Representación de los Curas riobambenses”. El primero un libeloo sarcástico e irónico en contra de doña Maria Chiriboga respecto a sus infidelidades matrimoniales y ridiculizaba a otras de la alta sociedad a la pertenecía. Por estas hojas sueltas fue detenido en Riobamba sin que se pruebe su autoría.
Además ya había escrito el manuscrito "El Retrato de Golilla que contenía la más descarnada y lapidaria radiografía de la podredumbre en que vivía la monarquía criolla.Además rodiculizaba al Rey Carlos III diciendo que era el “rey de barajas” y al marqués de la Sonora y ministro colonial de las Indias, José Gálvez.
El 18 de marzo de 1789, el virrey de la Nueva Granada, José de Ezpeleta recibió el sumario que lo acusaba como el autor directo del citado manuscrito. "El Retrato de Golilla;" pero por la falta de evidencias ordenó su libertad a finales del mismo año. Eugenio negó ser el autor de que tal pasquín.
Tras su liberación se auto exilió en Bogotá hasta 1790. En esa ciudad sus ideas liberales, republicanas y antimonárquicas se afianzaron al conocer a Antonio Nariño y Francisco Antonio Zea. Nariño había traducido del idioma francés los Derechos del Hombre y por esta labor intelectual fue detenido en 1794.
Mientras era perseguido y encarcelado por sus ideas libertarias, el Cabildo de Quito le encargó al médico que redacte un método preventivo para enfrentar la viruela que hacía estragos en la población quiteña. Escribió “Reflexiones sobre la utilidad,importancia y conveniencia que propone don Francisco Gil, cirujano del Real Monasterio de San Lorenzo y su sitio, e individuo de la Real Academia Médica de Madrid. en su disertación físico-médica, acerca de un método seguro para preservar a los pueblos de las viruelas,aportación valiosisima en el campo de la literatura científica sobre las condiciones higiénicas y sanitarias de la América Colonial”.Este estudio fue extraordinariamente valorado porque sirvió para paliar esta epidemia
SE CREA LA SOCIEDAD PATRIOTICA
El 30 de noviembre de 1791 se fundó la Sociedad Patriótica de Amigos del Páis de Quito. El Presidente de Quito, José Antonio Muñoz de Guzmán encabezó la misma. Fue creada por mandato de Carlos III en todas las capitales de la América colonial como un centro de análisis y debate sobre la realidad social, económica, moral y religiosa. Esta entidad tenía como miembros a los Oidores,miembros del clero y gente notable de la Real Audiencia.
Eugenio De la Cruz y Espejo fue designado Secretario. La Sociedad Patriotica como lo dijo en su discurso está dirigida a la muy ilustre y muy leal ciudad de Quito,representada por su ilustrísimo Cabildo,Justicia y Regimiento, y a todos los señores socios sobre la necesidad de establecerla luego con el título de ´Escuela de la Concordia´.
El estatuto que redactó estipulaba que se creaba para evitar la ociosidad y los vicios que de ella resultaban en las gentes distinguidas de Quito. Se disolvió después de dos años por el desencanto e inconstancia de sus miembros.Así mismo había escrito un instructivo previo sobre el Papel Periódico “ intitulado Primicias de la Cultura de Quito”
“Escasos son, muy escasos los medios y arbitrios que tiene Quito; pero si nos unimos todos con espíritu de patriotismo, sin dar el menor lugar a la envidia ni a la pereza, Quito va resucitar y todos resucitaremos. Comencemos, comencemos; pues, con constancia y unión triunfaremos ciertamente---” dijo el obispo José Pérez Calama al pronunciar el discurso de instalación de la Sociedad.
CREACION DE PERIODICO
Con el auspicio de la Sociedad Patriótica de Amigos del Páis de Quito se creó el periódico “Primicias de la Cultura de Quito” dirigido por De la Cruz. Apenas tuvo tres meses de vida. El primer ejemplar circuló el 5 de enero de 1792, y su último número publicado fue el 29 de marzo del mismo año. Para su autodisolución,así mismo, contribuyeron los miembros del clero que se declararon enemigos del obispo José Pérez Calama, uno de los fundadores.
El periódico provocó el quiebre definitivo entre las autoridades gubernamentales y civiles monárquicas con Eugenio De la Cruz y Espejo y sus pocos amigos que coincidían con sus ideales de cambio social, político y económico y de independencia de la metrópoli española que al final lo dejaron solo.
Primicias de la Cultura de Quito denunció a los culpables de la situación de atraso de Quito:Planteó como solución a la ignorancia tan manifiesta, crear escuelas y educar a la juventud sin excluir a las mujeres. Difundió ideas políticas contrarias a la monarquía sosteniendo que para el resurgimiento y salir del atraso que imperaba era indispensable librarse de los corruptos representantes de la monarquía española; cambiar el sistema político responsable de que el pueblo viva en extrema pobreza y verdadera miseria.
EL PRINCIPIO DEL FIN
En 1795 De la Cruz y Espejo comenzó a sentir en carne propia las más crueles e infames persecuciones. Después del amor vino el odio. A los epitetos lanzados en su contra en 1787 se agregaron los de ser un sujeto “rencilloso,travieso,inquieto,subversivo,sedicioso, traidor". Antes era ya un peligroso subversivo,,revoltoso,faccioso;de intenciones depravadas y ser cabecilla para organizar motines, preparar una sublevación.
El 6 de febrero de dicho año el ex presidente de la Sociedad Patriótica de Amigos del Páis de Quito y presidente de la Real Audiencia, José Antonio Muñoz de Guzmán ordenó su encarcelamiento. La orden impartida decía: “haviendome dado noticia, que el presbitero Dn. Juan Pablo, y el Médico Dn Francisco Xavier De la Cruz y Espejo, vertían en sus conversaciones especies poco conformes a los derechos de su S.M., y que favorecían las ideas de livertad que contaminan en el día todos los Países, e procedido a averiguarlas, y ha resultado ser fundadas todas las sospechas, por lo que están arrestados, y se les está siguiendo causa.Lo que pongo en noticia de V.E. para que quede enterado de ello, y concluido que sea, daré cuenta de sus resultados.”
Juan Pablo que comulgaba de la mismas ideas libertarias fue sometido a un juicio eclesiástico bajo la acusación de cómplice.
En la cárcel Eugenio De la Cruz y Espejo fue incomunicado y esposado, privado de libros y papel para escribir y sólo le permitieron salir para que atienda a enfermos en sus domicilios pero vigilado por soldados.Las acusaciones fueron haber escrito y dicho “malsonantes expresiones, papeles y correspondencia.”
El enjuiciamiento penal en su contra era mañosamente pospuesto con el fin de mantenerlo indefinidamente en la cárcel. Tanto fue el miedo que sus ideas se concreten que los curas hasta comenzaron a ofrecer las campanas de las iglesias para convertirlas en armas. Hubo también religiosos alineados a los que llamaron la Pandilla De la Cruz y Espejo.
LA INDISCRECION FATAL
Durante el proceso penal las autoridades judiciales no pudieron presentar pruebas sólidas de que De la Cruz era el autor de los pasquines anónimos difundidos clandestinamente. Tampoco encontraron pruebas sobre su supuesta participación directa en una sublevación o en actos de sedición, tumultos, revueltass, motines, intenciones depravadas, acciones facciosas para sembrar el terreno para perturbar a la monarquia, despresntigiar a España, abolir toda religión y culto, como lo había denunciado el fraile Estevan Mosquera cuando denunció, sin probarlo, a su hermano Juan Pablo De la Cruz.
Mas una indiscreción de este religioso franciscano, fue utilizada para sentenciar a Eugenio.
Juan Pablo le había susurrado al oído a su amante, Francisca Navarrete las ideas políticas de su hermano. Le revela en el lecho de amor que Eugenio Francisco Javier le había contado que la revolución francesa se había producido conforme a la ley de Dios y a la razón natural y que así se debía conseguir la libertad de Quito y que su hermano Eugenio ya listo un barrio o cuartel que había sido consultado que estaba listo para luchar por la libertad, echando mano del caudal de las religiones y de los ricos para entregarlo a los pobres para que todos fueran iguales.
La amante Francisca Navarrete le contó todo a su hermano el fraile franciscano Vicente Navarrete, quien los denunció ante las autoridades. Por esta indiscreción Juan Pablo fue sentenciado a dos años de reclusión en el monasterio franciscano de Popayán-Nueva Granada.
El 20 de octubre de 1795 el virrey José de Ezpeleta ordenó al presidente de Quito, José Antonio Muñoz de Guzmán que archive el sumario y libere a Eugenio De la Cruz. La orden no se cumplió inmediatamente y este murió en la cárcel el 27 o 28 de diciembre. La orden de excarcelación fue dictada un día después de su muerte por parte de Muñoz de Guzmán.
Una disentería y las terribles condiciones de la celda y las horrendas torturas de sus verdugos acortaron sus días Poco sirvió el apoyo y gestión a su favor de sus amigos para lograr su libertad.
Por Javier Simancas C.