DIARIO EL TIEMPO DE QUITO
7 DE SEPTIEMBRE DE 1979
Espejo del Ecuador
VIENTOS GOLPISTAS
Javier Simancas C.
Latinoamérica y los países del área Andina que, a costa de grandes sacrificios políticos y humanos, han reconquistado las libertades democráticas, no tienen ninguna garantía que estos derechos ciudadanos perduren en el tiempo.
Las Fuerzas Armadas, tras su retiro de la vida política, continúan siendo los àrbitros de los principales acontecimientos que se derivan de la implantación de las plenas garantías individuales y colectivas que proporciona un régimen democrático y constitucional.
Lo ocurrido en Bolivia, a tres meses de que el pueblo puso fin a un período de dictaduras de quince años es una advertencia de lo que, eventualmente, podría suceder en Ecuador, Colombia, Perú, Venezuela o cualquier otro país, si los responsables de la estabilidad jurídica del Estado no ponen punto final a las divergencias y antagonismos que no conducen a otra cosa, sino a dar lugar al intervencionismo militar, que en el momento actual ya tienen su propia forma de pensar y se involucran en todos los acontecimientos políticos, económicos y sociales de estas naciones.
La esperanza de que los militares habìan regresado en Bolivia a sus cuarteles causó honda satisfacción en el continente y el mundo, sobre todo porque se superaron los grandes problemas humanos que ese gobierno militar habìa causado, sometiendo al pueblo a sangrientas represiones, a encarcelamientos y destierros, conculcando los derechos humanos y civiles y las libertades pùblicas.
La fatalidad latinoamericana desde tiempo de la colonia, ha sido ésta, siempre estar sometidos a las dictaduras; unas invocando el nombre de la democracia; otras para eliminar las corrientes foráneas; pero cuando no ha habido estos pretextos, ese han autoproclamado los redentores de pueblos y protagonistas del cambio.
El caudillismo sostenido por la fuerza de las armas no quiere se desterrado de Latinoamérica y a ello contribuye la falta de sólidas estructuras políticas organizadas y fuertes: Todavìa vivimos tiempos en que se reclama lealtad a los personajes, antes que a los programas de gobierno y una auténtiica ideología.
La experiencia boliviana durante estos ùltimos quince años, en que el pueblo ha estado ajeno al ejercicio de sus derechos, sometido a la represiòn, puede extenderse a otros países. El derrocamiento del Presidente Constitucional no tiene justificación para que se implante un nuevo régimen de facto que no tiene otra razón de ser, sino el apetito de figuración de un militar, alentado por las fuerzas soterradas que nunca justificaron su participación en la vida pública con acciones que generen el bienestar común.
Los golpistas vuelven a tocar las puertas de los cuarteles. Los ecuatorianos debemos estar alerta para impedir cualquier aventura de esta naturaleza; pero más confiamos en la integridad de los hombres armados, que fueron los principales protagonistas de la normalizaciòn institucional, librando también ellos una dura lucha interna, que impedía el feliz arribo a la constitucionalidad.
Bolivia que hoy está en la encrucijada volverá a ver el sol de la libertad. Alberto Natusch, huérfano de apoyo interno y externo, agoniza y mañana más temprano, la democracia y el imperio de la ley, será recibida por el pueblo de la altiplanicie con unción cìvica.