La carta difundida en la cuenta X de Leiva provocó una nueva tormenta política y múltiples reacciones, pero aún sin suficiente fuerza como para pensar en una sucesión presidencial.
El canciller Leyva hace revelaciones y la más grave el supuesto problema de adicción a la droga del primer mandatario. “Usted se desapareció dos días en París durante una visita oficial. Como si la inteligencia francesa fuera incompetente, como para no haber conocido su paradero. Momentos embarazosos para mí como persona y como su canciller. Y mucho más cuando supe en dónde había estado. Me apena decirlo hoy –tarde ciertamente–, pero por esa época ya tenía conocimiento de episodios suyos de similar comportamiento. Fue en París donde pude confirmar que usted tenía el problema de la drogadicción. ¿Pero qué podía yo hacer? Seguro fui inferior. Lo he debido aproximar, ayudar, asistir oportunamente. Guardo en mi interior la pena de no haber intentado extenderle la mano. Lo cierto es que nunca se repuso usted. Es así. Su recuperación lastimosamente no ha tenido lugar”, dice parte de la misiva.
La reveladora carta del excanciller relata,así mismo, la difícil relación que mantenía con el mandatario y la injerencia de Laura Sarabia en el tiempo del mandatario. La entonces jefe de gabinete, “le satisfacía algunas necesidades personales”, dice. Ahora Sarabia es la canciller de la República.
“Cuando iba a buscarlo, la señora Sarabia, conocida de autos, me hacía esperar horas con la excusa de que usted eventualmente me recibiría. Tantas veces pasó lo mismo que por fin entendí que ella era la dueña de su tiempo, de algunos quehaceres suyos y que, además, le satisfacía algunas necesidades personales”, escribió Leyva.
“Si bien es cierto que fui un funcionario de altísimo nivel, supuestamente cercano a usted, debo manifestar que nunca fue fácil aproximarlo. Yo nunca le fallé presidente. Me la jugué entera por usted y la causa. Ni un solo reclamo me puede hacer. Más, sin embargo, fueron surgiendo discrepancias y hechos de fondo que me fueron alejando”, agrega la nota.
Pero los señalamientos de Leyva no se quedaron en los bloqueos que Sarabia impondría en la agenda del presidente sino que habló también de la reunión que Petro le hizo sostener con Benedetti para que este se convenciera de aceptar la embajada en Venezuela, en la que, dice el excanciller, comprendió que (Benedetti) “estaba adicto a las drogas (...) comprendí que se trataba de un enfermo… sigue así, señor presidente”.
“El enredo de las grabaciones de voz, dadas a conocer por SEMANA en 2023, mantienen en vilo a su Gobierno; y actualmente mucho más por las informaciones suministradas el pasado miércoles por su canciller desde Osaka, Japón (...) lo que demuestra, una vez más, que usted sigue siendo víctima de esos cuestionados funcionarios. A lo que se suma que usted no ha logrado escapar que la personalísima trampa que los destruye siempre aún más
VERSIONES DEL PASADO
La ex candidata presidencial Ingrid Betancourt , en el año 2023, reveló que encontró a Petro en un estado lamentable cuando lo fue a visitar en Bruselas (Bélgica).“Gustavo Petro no podía actuar con uno. Él simplemente estaba ido, estirado en el suelo de la sala de su casa. Yo hablé con su entonces esposa, Mary Luz Herrán, vi a sus niños pequeños, eran muy chiquititos, debían tener tres añitos, ellos corrían por toda la casa porque era una visita privada. Me imagino que para los pequeños era normal, porque saltaban encima del hoy presidente, daban vueltas. La esposa, apenada, diciendo: ‘Bueno, qué pena con ustedes, los estábamos esperando, pero no ha reaccionado. Vuelvan más tarde’. Y eso fue así.
El excongresista y exmilitante del M-19, Carlos Alonso Lucio, pareja de Betancourt, describió cómo halló, al hoy presidente Petro en su casa en Bruselas: tirado en el suelo. La puerta la abrió Mary Luz Herrán, exesposa del hoy jefe de Estado. “Estaba totalmente desconectado de la conciencia y sencillamente nos fuimos y quedamos de vernos después y, efectivamente, conversamos luego. Tema del que nunca se habló (...); llegamos y no pudimos ni siquiera saludarnos y atendernos, porque Gustavo Petro no estaba en sí en ese momento”, narró en Vicky en Semana el excongresista y exmilitante del M-19.
Según la entrevista, Petro estaba tirado en el piso de la sala y Lucio j en ese momento pensó que, eventualmente, el hoy jefe de Estado se había pasado de tragos y estaba dormido.
RECHAZO DE PETRO
El presidente Petro dijo en respuesta: “No puedo emborracharme, desgraciadamente. A mí me gustaba el aguardiente ‘Tapa Roja’ (…) ahora me ponen esos tragos y me va ardiendo hasta el alma”,
“¿Es que París no tiene parques, museos, librerías, más interesantes que el escritor (de la carta), para pasar dos días? Casi todo en París es más interesante”, dijo.
TEXTO DE LA CARTA
Gustavo Petro Urrego
Ciudad
Estimado presidente:
Lo saludo con mi más sincera consideración.
Durante semanas enteras venía pensando en qué hacer para que usted escuchara la voz del suscrito, exministro de Estado suyo, sobre preocupaciones que me han surgido a raíz del conocimiento directo que de tiempo atrás he tenido y que aún tengo de situaciones y hechos que en mí sentir lo han afectado y lo siguen afectando en lo personal, como jefe de Estado y consecuencialmente al país todo presidente.
Si bien es cierto que fui un funcionario de altísimo nivel supuestamente cercano a usted, debo manifestarle que nunca fue fácil aproximarlo. Esto bien lo sabe. Tal la razón por la que he recurrido a varios mensajes hoy llamados X y a las redes sociales para dar a conocer mi estado de ánimo sobre lo que considero es mi deber que usted tenga presente. Usted en primer lugar. Y de ser necesario, la nación entera.
Sabe usted, presidente, que su discurso de campaña me entusiasmó: igualdad, libertad, fraternidad, justicia social y paz integral con oportunidades para todos. Paz, mi obsesivo deber en la vida. Alcanzó usted a mencionar al papa Francisco: Fratelli Tutti y Laudato si. A tanto llegó mi compromiso que en defensa suya fui particularmente crudo, fuertísimo, con su vehemente contradictor, ingeniero Rodolfo Hernández. Valga anotarle que pasadas pocas semanas de su posesión, presidente, siendo yo ya ministro suyo, apareció don Rodolfo en mi despacho de manera sorpresiva, imbuido de espíritu reconciliatorio. “Vengo a darle un abrazo –precisó–, porque a pesar de todo siempre he reconocido que usted es un verdadero hombre de paz; ya todo ha quedado atrás”. Sin duda el gesto me causó emoción.
Yo en ningún momento le fallé, presidente. Me jugué entero por usted y la causa. Ni un solo reclamo me puede hacer. Mas, sin embargo, fueron surgiendo discrepancias y hechos de fondo que me fueron alejando. Sin traición alguna de mi parte porque en mi formación y en mi carácter no cabe esa palabra. Es que soy hijo del destierro con toda mi familia; hermanas y hermanas incluidos por no haberse prestado mi padre a una traición, Ejemplo enorme recibi. que finalmente comprendí que ella era la dueña de su tiempo, de algunos quehaceres suyos y que, además, le satisfacía algunas necesidades personales.
Una vez inicié mis funciones, me di cuenta prontamente de que usted no hablaba recurrentemente con sus ministros. Casi nunca. Encontré que su círculo de confianza era bien reducido. Entre los ministros lo comentábamos. Yo, el mayor, me convertí en escucha de varios. El que más me insistía en que le ayudara a hablar con usted fue su primer ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación. Se dice que en la primera crisis usted lo reemplazó sin haberlo recibido.
Me correspondió nombrar a Armando Benedetti como embajador en Venezuela. Me dijo usted que hablara con él. Lo cité a mi apartamento. No quería aceptar la designación. Aspiraba a trabajar en una posición importante en Colombia. Quizá como un eventual ministro. Como si yo estuviera al tanto de sus problemas personales, me manifestó que el doctor Miguel Bettín ya lo tenía al otro lado. Lo comentamos. Comprendí por todo lo que manifestaba que estaba adicto a las drogas. De mi entrevista con Benedetti concluí que se trataba de un enfermo. Sigue igual, señor presidente.
El enredo de las grabaciones de voz (Sarabia–Benedetti), dadas a conocer por la revista SEMANA en junio de 2023, sigue untando en vivo su gobierno; y actualmente mucho más por las informaciones suministradas el pasado miércoles 16 de abril por su canciller desde Osaka, Japón. Lo que demuestra una vez más que usted sigue siendo víctima de esos cuestionados funcionarios. A lo que se suma que usted no ha logrado escapar de la personalísima trampa que lo destruye siempre más. Grave sin duda, estimado presidente. Sí, le guardo estimación.
Los recuerdos que todavía tengo frescos de episodios ocurridos, siendo yo el primer testigo, me producen aún desazón y desconcierto. Uno de ellos, la ocasión en que usted desapareció dos días en París durante una visita oficial. Como si la inteligencia francesa fuera incompetente, como para no haber conocido su paradero. Momentos embarazosos para mí como persona y como su canciller. Y mucho más cuando supe en dónde había estado. Me apena decirlo hoy –tarde ciertamente–, pero por esa época ya tenía conocimiento de episodios suyos de similar comportamiento.
Fue en París donde pude confirmar que usted tenía el problema de la drogadicción. ¿Pero qué podía yo hacer? Seguro fui inferior. Lo he debido aproximar, ayudar, asistir oportunamente. Guardo en mi interior la pena de no haber intentado extenderle la mano. Lo cierto es que nunca se repuso usted. Es así. Su recuperación lastimosamente no ha tenido lugar.
Sus desapariciones, llegadas tarde, inaceptables incumplimientos, viajes carentes de sentido, frases incoherentes, cuestionadas compañías según algunos y otros descuidos suyos se han registrado y se siguen registrando, señor presidente. Bien se sabe que ha caído usted en muy frecuentes tiempos de soledad, ansiedad, depresión y otras manifestaciones de difícil superación, algunas de alto riesgo. Todo conocido por bocas muy cercanas a usted que lo quieren, lo estiman, que se sienten vinculados en lo personal, pero que no saben qué hacer. Conocen y conocen, pero su desconcierto por sentirse impotentes los apabulla.
Sus últimas intervenciones públicas desordenadas con amenazas innecesarias, calificando inadecuadamente a sus contradictores, a algunos de criminales sin serlo, incluso dejando entrever más de una vez que los considera una amenaza para la vida de muchos conciudadanos, constituyen un abuso del poder que se deriva de la jefatura del Estado que usted detenta; no mide adecuadamente el alcance de sus palabras; incita con todo ello a la lucha de clases. Y lo ha llegado a hacer en representación de un inexistente M-19. Como un provocador viene quedando usted. Ciertamente, tuvo razón el editorial del diario El Espectador del día 23 de marzo del año que corre al manifestar: “El fuego retórico del presidente Petro ha superado lo tolerable”.
No me referiré en esta oportunidad a muchos de sus tweets, hoy mensajes X, que han sido objeto de crecido rechazo. Ni a otros temas que desdibujarían el sentido que pretendo darle a esta primera carta, así en ella se consignen crudezas o aparentes asperezas en el trato.
Por lo pronto, presidente, desvincule a quienes se han abusado de usted, que se han aprovechado su complejísima situación y que le han hecho y continúan haciéndole terrible daño. Tan notables son que están en boca y mente de cientos de miles de compatriotas: el presidente de Ecopetrol, Benedetti y la señora Sarabia. Dícese de ellos que lo tienen secuestrado. Créame que con esa medida adelantaría en algo la solución.
Colombia requiere la unión, no la confrontación caótica alimentada desde la jefatura del Estado, presidente. Evitemos entre todos un incendio social. Es posible.
Sé que no le sería fácil para usted recibirme, presidente. Ojalá se animara a hacerlo. Le haría una necesaria insinuación pensando en usted y en la nación entera.
Atentamente,
Álvaro Leyva Durán
BOGOTA(Agencia ANE)._ Una carta del excanciller Alvaro leyva en el que acusa al presidente Gustavo Petro de ser adicto a la cocaína, desempolvó las versiones que, desde el ascenso a su mandato se difunden en diversos medios y son tema diario de conversaciones de sus colaboradores, congresistas y adversarios.