El Papa señaló que los días que precedieron a su elección habían estado marcados por el luto, ya que la Iglesia se despidió del Papa Francisco. Reconociendo el peso emocional de esa despedida, describió su muerte y el posterior Cónclave como "un acontecimiento pascual", envuelto en la luz de la Resurrección.
Rindió homenaje a su predecesor, recordando su sencillez, dedicación radical al servicio y su regreso pacífico a la Casa del Padre. "Atesoremos este precioso legado y reanudemos nuestro camino",animados por la misma esperanza que proviene de la fe",dijo.
Recordó a los Cardenales la presencia silenciosa pero poderosa de Cristo resucitado, "no en el rugido de los truenos y los terremotos", sino en "el susurro de una brisa suave". Es en esta quietud, dijo, donde nos encontramos más íntimamente con Dios, y es este encuentro el que debe guiar a la Iglesia en su misión hoy.
También habló de la Iglesia como "matriz" y "rebaño", como "campo" y "templo" y elogió la unidad mostrada por los fieles en los días de luto, describiéndola como "revelada la verdadera grandeza de la Iglesia".
Así mismo reiteró el camino trazado por el Concilio Vaticano II, un camino renovado y reinterpretado bajo el Papa Francisco. Destacó los temas clave de la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium del Papa Francisco: la primacía de Cristo, la sinodalidad, el sensus fidei (el "sentido" sobrenatural de los fieles), la piedad popular, el cuidado de los pobres y el compromiso valiente con el mundo.
"Estos son los principios del Evangelio a través de los cuales el rostro misericordioso del Padre se ha revelado y se sigue revelando en el Hijo hecho hombre", dijo.
Llamó a los cardenales y a la Iglesia en general a continuar por este camino con "oración y compromiso". Por último, citó a san Pablo VI, en los albores de su pontificado, rezando para que "una gran llama de fe y de amor" se extienda de nuevo por el mundo, iluminando el camino a todos los hombres de buena voluntad.
