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EL ASESINATO DE SUCRE: "FUE UNA MUERTE ANUNCIADA"

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DIARIO EXPRESO. 5 DE JUNIO DE 1988

Javier Simancas C.

Cuatro balazos terminaron con la vida del mariscal Antonio José de Sucre. Murió en una celada tendida por sus enemigos después de 15 años de vivir luchando en las guerras independentistas. Los sicarios Apolinar Morillo, Juan Gregorio Sarria, los hermanos Andrés y Juan Rodríguez, Juan Cusco, José Antonio Mariano, Fidel Torres, José Erazo y una mujer, también perecieron, unos misteriosamente y otros en manos de la justicia.

La muerte de Sucre fue "una crónica anunciada" por los periódicos de la época. Era un secreto a voces que se comentaba en todos los círculos, como consecuencia de los profundos odios y las barrascosas pasiones políticas que se habían despertado tras la ruptura de la Gran Colombia.

Los complot y conspiraciones no eran solo contra el Mariscal sino también contra el Libertador Simón Bolívar, porque la intención era impedir que ambos vuelvan a consolidar la unidad regional, como única alternativa para salir de la crisis que habían dejado las guerras independentistas y como parte de la consolidación del sistema republicano.

Sucre nunca hizo caso de las advertencias públicas y de sus amigos. Otra hubiera sido la historia del Ecuador si el Mariscal no decide venir a Quito por los tortuosos caminos de Berruecos y si desde Popayán hubiera ido hacia puerto de Buenaventura para por vía marítima llegar al Ecuador.

Pero había caído en la celada. El 2 de junio de 1830, se hospeda en la casa de uno de los sicarios, José Erazo, conocido como salteador de caminos como el comandante Juan Gregorio Sarria, que a su vez eran los hombres de más confianza del general José María Obando, que tenía bajo control militar toda la región sur de la Nueva Granada y especialmente la zona de Cauca y Pasto.

Sus renunciamientos

El regreso de Sucre a Quito era para reintegrarse a su vida hogareña en paz. En Bogotá había renunciado a la diputación por el Ecuador y a la presidencia del congreso que fue disuelto con el objeto de dar paso a las nuevas opciones que pedían, los otros héroes de las guerras independentistas.

Sus enemigos no lo entendieron así y creyeron que iba en una misión secreta por encargo del Libertador, como lo testimoniaron los datos de prensa de Bogotá, uno de los cuales decía: "Acabarnos de saber con asombro que el general Antonio José de Sucre ha salido de Bogotá ejecutando fielmente las órdenes de su amo (se aludía a Bolívar), cuando no para elevarlo, otra vez, a lo menos para su propia exaltación sobre las ruinas de nuestro nuevo gobierno.

Puede ser, agregaba el suelto periodístico, que Obando haga con Sucre lo que no hicimos con Bolívar"...

Sucre no solo había dimitido a la diputación, sino que había dejado la presidencia de Bolivia con el objeto de atemperar las pasiones y las ambiciones personales.

En esos tortuosos años, de consolidación republicana, el mariscal cumplió misiones trascendentales para la vida misma de la Gran Colombia. más su esfuerzo, y los del Libertador, quedaron frustrados por las ambiciones de otros.

El Mariscal era un estorbo para que Nueva Granada se fraccione. Por igual les convenía su eliminación al general Antonio  José Flores y al general José María Obando.

El hijo del primero, Antonio Flores, cincuenta años después del asesinato y cuando ejercía la presidencia de la República, se preocupó de establecer documentadamente la inocencia de su padre.

Entonces, según los testimonios de la época todo recayó contra Obando, como conspirador, inspirador y ejecutor intelectual, del complot.

Los ejecutores

El principal ejecutor o instrumento del asesinato, Apolinar Morillo responsabilizó como autor intelectual al general José María Obando, un general de las huestes libertarias de Bolívar y Sucre, hombre de ambiciones personales. insospechables, que causaron la disolución interna de Colombia la y las confrontaciones bélicas con los vecinos del sur y norte de su país. Morillo hizo dos disparos.

Igualmente los demás hechores, quienes poco a poco desaparecieron y murieron misteriosamente, vincularon al hecho a este General.

Morillo, en un manifiesto que publicó el día que iba a ser ejecutado por la muerte de Sucre, expresaba lo siguiente "...un destino funesto quiso que el ex general José María Obando, que tenía meditado el asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho, de acuerdo con otros señores, cuyos nombres no debe expresar en estos momentos, más cuando la opinión los señala con el dedo, me escogió por instrumento para atender en aquel crimen perpetrado en un hombre justo a quien yo respetaba.

Acostumbrado a obedecer ciegamente las órdenes superiores, no tuve bastante discernimiento para meditar en la naturaleza y. consecuencia de la orden que me daba, mucho más cuando me rodeaban multitud de circunstancias que impedían evadirme. Bastara que emanara del Comandante General del Departamento, en donde me hallaba, es decir, una autoridad legal; Obando, en quien el Supremo Gobierno tenía depositada su confianza para que yo no pensara más que en obedecer. Si mi voluntad la repugnaba, mi sumisión me compelía a ejecutarla, tanto más, cuanto que al darme cuenta que debía, conducir a los ejecutores, se hizo valer como resultado de su ejecución, , la salud de la Patria, de esa patria, objeto exclusivo de todas mis afec¬ciones, y en cuyo objeto había ofrendado desde muy temprano, mis haberes, mi sangre y mi vida, el que me tendió el lazo que hoy me arrastra al suplicio, sabía bien, que hablarme de la salud de la Patria era privarme de toda reflexión sagrada y comprometerme sin restricción y sin reserva".

"Mas apenas la víctima había inmolado, reconocí que era un crimen execrable en el que se me había complicado y no en servicio a mi Patria: cuando oí la maldición que de todas partes se lanzaba sobre los perpetradores de aquel atentado; entonces, vi mis servicios anulados, sin reputación que tan cuidadosamente había procurado conservar, enteramente destruida, mancillado mi honor militar, tantas veces aplaudido y ennegrecido con la sangre de un Jefe ilustre, cuyo valor admiraba y cuyas virtudes me encantaban, entonces conocí en toda su extensión el horror de mi infortunio...".

Las balas asesinas

El mariscal Sucre junto al diputado José Andrés García Téllez y sus asistentes Lorenzo Caicedo y Francisco Colmenares, tras dejar la casa posada de uno de los asesinos José Erazo que apareció después junto a Juan Gregorio Sarria, entre las 7 y 8 de la mañana del '1 de junio, entró en uno de los callejones de la montaña de Berruecos y el fondo de ella salieron cuatro balazos dirigidos a la cabeza  y al pecho del General.

Su muerte fue instantánea a los 37 años de edad. Había caído un hombre mesurado en la política y en sus opiniones, así como en sus servicios a las causas de la libertad, según decían después historiadores.

Las primeras versiones de su muerte las difundió paradójicamente el mismo Obando al siguiente día.

"Se cree, decía, que los agresores han sido desertores del Ejército del Sur que pocos días, he sabido han pasado por esta ciudad. El esclarecimiento de este inesperado suceso le es al Departamento del Cauca y a sus autoridades, tan necesario, cuanto que en las presentes circunstancias puede ser este fracaso, el foco de calumnias para alimentar partidos con mayores miras …”

Recibieron cincuenta pesos por el crimen

Los historiadores asimismo han determinado que Obando, llegó a Pasto una semana antes del crimen, es decir el 28 de mayo. En una hacienda denominada Meneses. conoció la noticia de que Sucre había salido para Pasto y de ahí a Popayán.

El informador llamado, Juan Gregorio Sarría, coincide con Sucre en el sitio denominado la Venta, el día 3 de junio, a unos cinco kilómetros antes del sitio del crimen, y en vísperas de la fecha señalada.

Los demás implicados, José Erazo, los hermanos Andrés y Juan Rodríguez, Juan Cuzco, una mujer entenada de Erazo, así como José Antonio Mariano Alvarez, de una u otra manera estuvieron al tanto del complot, lo que se deriva de la declaración que hace Fidel Torres, quien es el encargado de entregar a los autores materiales del crimen la suma de cincuenta pesos.

La muerte de Sucre costó a los autores intelectuales apenas cincuenta pesos.

Pero, cada uno a su manera, murió. Morillo fusilado, Erazo en un presidio de Cartagena. Alvarez ajusticiado por rebelde, los ejecutores alquilados envenenados por Morillo. Cuzco y los Rodríguez igualmente desaparecieron misteriosamente.

Anhelos frustrados

El pensamiento político de Bolívar y de Sucre fue, mirar a los países independizados por su espada como una sola patria, unidos todos por los hombres, las identidades históricas, tradición y nueva estructura de gobierno, pero manos misteriosas y hombres ambiciosos, frustraron este noble anhelo que comenzaba a vislumbrarse a pocos meses de que América Latina se separaba de la agónica dominación española.

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