DIARIO EL TIEMPO DE QUITO
31 DE AGOSTO DE 1978
Contra viento y marea
LA AGONÍA DE ANASTASIO
Javier Simancas C.(Juan de la Luna S.)*
Para ver y sentir lo que significa vivir en un país de tragedia y miedo, es suficiente pasar un día o una noche. Hace poco, recorrí Managua convertida en un cementerio abandonado, con edificios destruidos y olor a muerte. Percibí un ambiente tenso e inseguro no solo por la catástrofe natural consecuencia del terremoto, sino porque algo extraño flotaba en el aire a cada paso. Tenía la certeza de estar a punto de ser testigo o protagonista de algún hecho sorpresivo y nada agradable.
En esta ciudad tiene su sede del gobierno, el Presidente Anastasio Somoza y detrás de él un pueblo con sufrimientos, hambre, miseria; un pueblo encarcelado de costa a costa, de norte a sur, porque en Nicaragua no hace falta estar en la cárcel física para estar prisionero, porque a su territorio, Anastasio lo ha convertido en una gigantesca cárcel en donde están prisioneros no solo hombres y mujeres defensores de la democracia y que luchan por el fin de esta cruenta dictadura, sino también porque están en la cárcel los pensamientos, las ideas, el trabajo, la instrucción pública, la ciencia, la poesía, el arte, la libertad de caminar y recorrer lugares; hablar con la gente. En fin, presas todas las garantías públicas y los derechos individuales.
Y aunque sea Anastasio el carcelero de esta gigantesca prisión, también él es víctima de la misma. No se puede mover si no está custodiado de su guardia pretoriana, poderosamente armada y adiestrada, mucho mejor que aquellos guardianes que tenían, en su tiempo, los dictadores dominicano Rafael Trujillo o Fulgencio Batista de Cuba.
Anastasio heredó el Poder Civil y Militar de su padre y desde los años treinta Nicaragua está bajo su control político. Consecuencia de esta larga dictadura hay un pueblo atado a un gobierno de represalias, crímenes, hambre, explotación, sin servicios sanitarios, sin alimentación, sin educación.
Junto al dictador están pequeños grupos de industriales y comerciantes acomodados, amigos personales y servidores incondicionales: son los usufructuarios del Poder.
Desde el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro y los posteriores sucesos que culminaron con la liberación de decenas de adversarios al régimen, la gran tragedia nicaragüense edita día a día episodios que han puesto en franca agonía a Anastasio, que defiende a sangre y fuego el Poder.
Todos los demócratas del mundo claman por el cese de su dictadura, mientras en el interior de Nicaragua fuerzas populares con armas y sin ellas luchan por recobrar su libertad; y en las urbes, estudiantes, obreros, empresarios comprometidos cumplen otro tanto.
*Artículo escrito por Javier Simancas con el seudónimo Juan de la Luna S.