Patricio Orcés Salvador
Se dice que la democracia es un sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes. Este principio se ha cumplido plenamente en las recientes elecciones presidenciales y de asambleístas, pues el pueblo es el que se ha pronunciado y ha decidido elegir lo que ha considerado lo mejor, por lo que hay que felicitar y aplaudir esa vocación democrática del mismo y augurar lo mejor para nuestro Presidente Reelecto Daniel Noboa y a los representantes de la nueva Asamblea Nacional, presididos por su recientemente electo Presidente Niels Olsen.
Es importante que en una democracia exista la independencia de poderes, como es lo que ha sucedido con la actuación del Tribunal Supremo Electoral que libre y soberanamente ha podido ya entregar las credenciales a su Presidente Electo Daniel Noboa y su Vicepresidenta Electa María José Pinto, en ceremonia realizada el 15 de mayo del 2025, quienes permanecerán para el período electoral 2025 – 2029, ratificando los resultados de las elecciones de la segunda vuelta electoral realizada el 13 de abril del 2025 con 55,63% de los votos para Daniel Noboa y el 44,37% para Luisa González.
Que notable diferencia a lo que sucedió en las elecciones en la República hermana de Venezuela, donde se presume que existe una democracia, pero no se respetaron los resultados de lo que su pueblo decidió, porque se impuso la voluntad autoritaria de su Presidente Nicolás Maduro, para su reelección y algo parecido está sucediendo en Nicaragua, en las elecciones presidenciales, ya por varios períodos de su actual presidente Daniel Ortega, por eso es necesario que se imponga siempre la voluntad soberana del pueblo.
Por todas estas razones “Aristóteles advirtió dos regímenes políticos, los virtuosos y los degenerados, clasificando los gobiernos así: 1. El gobierno de Uno: La Monarquía y su degeneración la Tiranía. 2. El de Unos Pocos: La Aristocracia y su degeneración la Oligarquía. 3. El de Muchos: Politeias, Gobierno Constitucional, y su degeneración la Democracia del Pueblo”.
Es interesante también para este artículo rescatar lo que dijo Farith Simon, profesor de la Universidad San Francisco, en un artículo que lo publicaron en el Diario el Comercio, el lunes 21 de diciembre del 2015 y que dice: “En una democracia verdadera priman los principios de autonomía, inviolabilidad y dignidad de la persona por encima de concepciones totalitarias con su tríada de perfeccionismo (la idea de que el Estado puede imponernos una forma de vida que su máxima autoridad considera ideal), el holismo (la creencia que existen formas de pensamiento que dan respuestas a todo) y el determinismo normativo (el uso de la ley para imponer esa forma de entender el mundo)”.
Tratemos entonces de como ciudadanos libres y soberanos hacer siempre respetar nuestra democracia.