Fernando Borja Gallegos
14 de agosto de 2025
El Presidente Daniel Noboa, en actitud que lo dignifica adoptó medidas conducentes a fin de garantizar el imperio de la ley, para cuyo efecto incrementó su apoyo a la Fuerza Pública en momentos en que, la República del Ecuador, sufre la arremetida del crimen organizado.
Repudiable la actitud de aquellos que no respaldan al Jefe de Estado en sus nobles propósitos. Por lo expuesto, considero oportuno reproducir mi artículo “Ecuador y su Fuerza Pública, publicado en Radio Equinoccio.com, el 18 de febrero de 2024, en el cual rememoro la actitud indolente de gobiernos pasados que pretendieron debilitar a las instituciones públicas:
“El pueblo civil y el pueblo armado son quienes forman la nación. Uno y otro son indispensables para la subsistencia de la patria, por lo que no se los puede enfrentar, por lo contrario, se los debe unificar a fin de que todos coadyuven al engrandecimiento de la República. La Fuerza Pública: Fuerzas Armadas y Policía Nacionales, se deben al Estado, por ende, son indispensables para garantizar el Orden Jurídico, por tanto, el imperio de la ley y de las garantías atinentes a la libertad, la vida y el progreso. En el actual preciso momento, extraños elementos conspiran contra las instituciones armadas: soterrados ataques dirigidos a debilitar la unidad y el prestigio de las Fuerzas Armadas y Policía Nacionales, múltiples declaraciones pomposas de reducir los gastos de la defensa, mientras tanto, se festinan y se festinaron los fondos públicos y se repartieron dineros del erario nacional, entre delincuentes que organizados gozan de impunidad. La actitud indolente de muchos que administraron la Cosa Pública, como afirmé en su oportunidad, obtuvieron el debilitamiento de las Instituciones Públicas y el debilitamiento del sistema democrático. El irrespeto a la ley patrocinado y alentado por los cómplices del caos y el desconcierto provocan la lógica indignación en el pueblo ecuatoriano. Como sostuvo el señor Paul Lambert, Embajador de los Estados Unidos en Quito, en 1991: “la corrupción no es inofensiva y no puede ser tomado como un vestigio curioso y benigno del subdesarrollo. Cuesta la inversión, cuesta el prestigio nacional. Destruye los fundamentos de la sociedad”. Se infiere de lo expuesto, que es indispensable dotar a las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional de los recursos indispensables a fin de que sigan cumpliendo con el deber que les impone la Constitución y la Ley. Indispensable adoptar las medidas conducentes que afirmen el prestigio de la Fuerza Pública y exigir la sanción de quienes pretendan desprestigiarlas con malévolos propósitos. Para alcanzar los nobles ideales que abriga la mayoría del pueblo ecuatoriano es oportuno desechar la pugna constante entre políticos y políticos y buscar la reconciliación nacional que permita reestablecer el orden, la tranquilidad y el progreso nacional”.
Recordando aquella antigua frase “la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento”, no se debe dar importancia a las infundadas críticas exteriorizadas últimamente.