Por Fernando Borja Gallegos
11 de abril de 2026
La Constitución de Estados Unidos y la Vigésima Quinta Enmienda, al tratar de la sucesión presidencial por incapacidad, establece que el vicepresidente se convierte en presidente sí el jefe de estado fallece, renuncia o es destituido por incapacidad.
La mentada Vigésima Quinta Enmienda, aprobada y adoptada el 10 de febrero de 1967, contempla la transferencia temporal de atribuciones del presidente al vicepresidente, por iniciativa del presidente o por iniciativa del vicepresidente, con el respaldo de la mayoría del gabinete presidencial. En los dos supuestos el vicepresidente asume la presidencia interinamente hasta que desaparezcan las incapacidades que obligó a la citada sucesión.
Sí el presidente afirma encontrarse capacitado, comienza un período de cuatro días durante el cual el vicepresidente permanece como presidente interino. Sí al finalizar los cuatro días el vicepresidente y el gabinete no emite una segunda declaración de la incapacidad del presidente, el presidente reanuda el ejercicio de sus funciones; pero de declarar por segunda ocasión la incapacidad, el vicepresidente permanecerá como presidente, mientras el Congreso aborda el asunto. Transcurridos 21 días, tanto el Senado como la Cámara de Representantes, en Cámaras separadas y con la votación de dos tercios, se pronunciarán sobre el particular: sí ratifican la incapacidad del presidente, el vicepresidente continuará como presidente, caso contrario, el presidente reasumirá sus funciones.
Con los antecedentes expuestos, interesante rememorar que algunos congresistas demócratas y varios de sus seguidores, invocando la Enmienda 25 plantearon la necesidad de promover la destitución del Presidente Donald Trump, por “incapacidad para ejercer el cargo y por haber anunciado la destrucción de objetivos civiles en Medio Oriente”.
El mecanismo constitucional analizado, permite al vicepresidente y a una mayoría del gabinete declarar al presidente incapaz de ejercer sus funciones, incapacidad física o mental.
Para aplicar dicha disposición constitucional se requeriría la voluntad del Vicepresidente de la República, JD Vance y de la mayoría del gabinete, los cuales son aliados del Presidente y, por ende, es imposible aprobarlo.
Sí el Presidente Trump, por ejemplo, de darse el caso, se vería abocado a su improbable destitución, la impugnaría y la decisión final recaería en el Congreso que debería aprobarla, con los dos tercios en cada una de las Cámaras.
La diferencia del impeachment –juicio político- con la Enmienda 25, es que no se aplica por mala conducta, sino por incapacidad física o mental. Requiere ser juzgado por las dos Cámaras del Congreso por separado y en dicho procedimiento lo preside el Presidente de la Corte Suprema de Justicia.
La mentada Enmienda 25, adoptada en 1967, tras el asesinato del Presidente John F. Kennedy, se promulgó tomando en cuenta que su predecesor, el general Dwight Eisenhower, sufrió un infarto grave en la década de 1950. Pero en aquel entonces, como destaqué, no existía norma constitucional que establezca la sucesión, se llegó a un acuerdo con su Vicepresidente, Richard Nixon a fin de transmitir el poder.
Se infiere de lo expuesto, que la pretensión de ciertos individuos de que se destituya al Presidente Trump a través de la Vigésima Quinta Enmienda, es improcedente por carecer de fundamentos lógicos, jurídicos y morales.